Con la llegada de la Semana Santa, los huevos de chocolate se convierten en protagonistas de la mesa. Un repaso por los valores de marcas destacadas y el origen histórico de esta costumbre.
La Pascua es una de las festividades más importantes del año y, entre sus tradiciones, se destacan costumbres gastronómicas asociadas a la fecha. En Argentina, los huevos de chocolate son un elemento central en la mesa de celebración.
Muchos consumidores se preguntan por los precios de los huevos de Pascua de marcas como Betular, Lucciano’s y Rapanui en la actual temporada.
La comida en Semana Santa es una de las tradiciones más palpables de este período. En este contexto, surge la pregunta sobre por qué se come huevo de Pascua, especialmente el domingo en que se celebra la resurrección de Jesucristo. Se trata de una costumbre con una historia antigua.
La Enciclopedia Británica señala que el huevo ya era utilizado entre los pueblos paganos de Europa como «un símbolo de fertilidad y restauración» al celebrar el equinoccio de primavera. «Los cristianos tomaron esta imagen y la aplicaron no a la regeneración de la tierra sino a la de Cristo, así como a la nueva vida de sus fieles seguidores», explica.
Las primeras costumbres —que aún se mantienen en algunos países europeos— no consistían en comer huevos de chocolate, sino en pintar huevos de gallina. Según la misma fuente, esta tradición tuvo un origen práctico: «La Iglesia prohibió comer huevos en Semana Santa, pero las gallinas continuaron poniéndolos, por lo que la idea de identificar específicamente los huevos de este período llevó a que se los pintara».
Por aquella época, el chocolate, derivación hispánica del nombre xocolatl con el que los pueblos aztecas conocían el derivado del grano de cacao, no existía en Europa. Tras la conquista americana, este producto pasó a ser parte del menú europeo, pero sin asociarse inicialmente a la Pascua.
El primer huevo de Pascua moderno hecho de chocolate fue una invención de la compañía británica Fry’s, que lo elaboró en 1873. Sin embargo, la costumbre se popularizó en 1875, cuando la firma rival Cadbury tuvo la idea de rellenarlos con almendras confitadas. Desde entonces, esta versión dulce de la antigua costumbre europea se expandió por todo el mundo como un símbolo de una de las fiestas más importantes del cristianismo.
