La Organización Mundial de la Salud activó la emergencia de salud pública internacional tras confirmarse casos sospechosos y muertes en la República Democrática del Congo y Uganda por el virus de Bundibugyo, una variante del ébola para la que no existe vacuna.
Buenos Aires, 25 de mayo (NA). La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia de salud pública de importancia internacional (ESPII) luego de confirmarse un brote del virus del ébola en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda. El brote está asociado a la cepa Bundibugyo, una de las seis especies conocidas del género Orthoebolavirus, familia Filoviridae.
Según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, la cepa Bundibugyo es una variante menos virulenta que otras cepas del virus, con una tasa de letalidad estimada entre el 20% y el 30%. Sin embargo, no existe actualmente ninguna vacuna ni tratamiento aprobado específicamente contra esta variante.
La enfermedad por el virus del ébola es una infección zoonótica que se transmite de animales a humanos. La transmisión entre personas ocurre mediante contacto estrecho con individuos infectados que presentan síntomas, a través de fluidos corporales o sangre, así como por objetos o superficies contaminados.
La cepa Bundibugyo fue descubierta en 2007 durante un brote en el distrito homónimo en Uganda, que causó 42 fallecimientos. Desde entonces, es una de las tres cepas más conocidas y que más brotes han provocado.
Síntomas del virus del ébola Bundibugyo
Los síntomas de la infección por ébola aparecen de forma repentina e incluyen fiebre, dolores musculares, de garganta y de cabeza. A medida que la enfermedad evoluciona, pueden presentarse problemas gastrointestinales como diarrea y vómitos, erupciones cutáneas y deterioro de la función renal y hepática, que puede derivar en hemorragias internas. El período de incubación se estima entre 2 y 21 días después de la infección.
La respuesta internacional frente al brote incluye la aceleración de ensayos clínicos y el impulso urgente al desarrollo de vacunas específicas. Mientras la OMS prepara estudios para evaluar tratamientos experimentales, investigadores de la Universidad de Oxford y otras entidades internacionales trabajan en la producción de una vacuna candidata dirigida contra esta variante del virus.
A diferencia de la variante Zaire, para la que sí existen vacunas y terapias autorizadas, el virus Bundibugyo carece actualmente de herramientas preventivas o tratamientos aprobados.
