La administración de Javier Milei atraviesa un período de reconfiguración política tras el escándalo en torno al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que afecta su imagen y la relación con el Congreso y la Justicia.
En la Casa Rosada reconocen que el caso Adorni impactó en la imagen del Gobierno. Según mediciones internas, la percepción positiva del presidente Javier Milei cayó al 33% a fines de mayo, aunque se recuperó al 38% en las últimas semanas. Una fuente del oficialismo señaló que la defensa irrestricta de Adorni dañó la construcción de Milei como un político distinto y transparente, y que ahora el Gobierno depende más de los indicadores económicos.
El presidente Milei se mantuvo en la quinta de Olivos con actividad pública reducida. El martes 9 fue su última visita a la Casa Rosada, y el miércoles 17 recibió a una delegación del Banco Mundial. Reapareció en Rosario el viernes. Su hermana Karina actuó como emisaria para sostener que Adorni no se va, mientras que todos los actores del oficialismo, incluidos ministros y legisladores, solicitan su desplazamiento.
El viernes, Milei designó al diputado Adrián Ravier como vocero presidencial, una decisión que busca traducir los logros económicos al público. La elección implica un giro hacia una narrativa centrada en estadísticas e indicadores, en lugar de la lucha anticasta.
En el Congreso, esta semana se discutirá la interpelación y posible moción de censura contra Adorni. El oficialismo sostiene que se requieren dos tercios de los votos para avanzar, mientras que la oposición afirma que alcanza con mayoría absoluta. Una derrota legislativa demostraría que el oficialismo perdió el control del Congreso.
La investigación fiscal a cargo de Gerardo Pollicita, por delegación del juez Ariel Lijo, avanza y podría derivar en una citación a indagatoria de Adorni. El caso expone la tensión entre el Gobierno y la Justicia, en un contexto de redefinición de la relación entre ambos poderes.
