El doctor Carlos Juárez, ortopedista infantil, relata el caso de una beba con una infección ósea devastadora que, tras una cadena de oración y la intercesión de Fray Mamerto Esquiú, sanó de forma inexplicable para la ciencia médica. Este suceso fue reconocido como el milagro que permitió la beatificación del fraile catamarqueño.
El doctor Carlos Juárez es especialista en ortopedia y traumatología infantil. En diciembre de 2015, atendió en el Sanatorio 9 de Julio de Tucumán a Emma, una recién nacida que presentaba una grave infección en la cadera y el fémur. A pesar de cuatro cirugías y tratamientos con antibióticos, su estado empeoraba. Los estudios mostraban que gran parte del fémur estaba muerto, y los médicos preveían una amputación casi total del hueso.
Durante el proceso, ocurrieron hechos que el médico considera inusuales: las muestras de biopsia enviadas a laboratorio se perdieron en tres ocasiones. Una cuarta muestra, enviada a un laboratorio de confianza el 18 de diciembre, también desapareció. El 7 de enero, sin el resultado de la biopsia, el doctor no pudo realizar la cirugía radical que planeaba.
En ese contexto, la familia y allegados iniciaron una cadena de oración, colocando una estampa de Fray Mamerto Esquiú en la habitación de la beba. Días después, una nueva radiografía mostró una regeneración ósea que los especialistas calificaron como inexplicable. Emma se recuperó completamente y hoy corre sin secuelas.
Fray Mamerto Esquiú, conocido como «el fraile de la Constitución» por su sermón del 9 de julio de 1853 en la catedral de Catamarca, fue beatificado gracias a este milagro reconocido por el Vaticano. La historia combina fe, ciencia y un desenlace que trasciende la lógica clínica.
