El columnista del New York Times y premio Pulitzer analiza la política exterior de Estados Unidos, la guerra en Medio Oriente y el impacto de Donald Trump en las instituciones.
La primera vez que Donald Trump utilizó su red Truth Social para insultar a Bret Stephens, el columnista de The New York Times quedó en shock. Le costó creer que un presidente norteamericano tuviera tan poco respeto por la dignidad del cargo. La tercera vez que el magnate se dedicó a denostarlo, Stephens, prestigioso analista político y premio Pulitzer de opinión 2013, decidió tomar el ataque como un halago. “Al menos está prestando atención. Está leyendo mis artículos. Eso de alguna manera me honra”, dice Stephens en conversación con este medio.
Más allá del sarcasmo, Stephens no subestima el daño que el comportamiento de Trump causa a los Estados Unidos. Como hijo de una madre que llegó desde Europa huyendo de la persecución nazi, Stephens profesa la máxima estima por las instituciones de su país. “Tengo un sentido de los Estados Unidos como la tierra prometida”, dice. “Y la falta de respeto que Trump tiene por nuestras instituciones nos disminuye como nación, lo que es lamentable”.
Stephens distingue entre el aspecto vulgar y soez de su presidente y alguna de sus políticas que, en ciertas instancias, coinciden con su visión del mundo. Sus columnas de opinión han reflejado esta dicotomía. Si bien ha criticado el accionar de la fuerza policial ICE, que Trump ha desplegado para cazar personas presuntamente ilegales de forma violenta y cruel, entiende que controlar la inmigración ilegal masiva era una medida necesaria y correcta. Considera que la conducta de Trump en relación a sus pares europeos es excepcionalmente “denigrante, agresiva y arrogante”, pero estima que era necesario denunciar la ineficacia de la OTAN. Y también cree que los europeos deberían comprender la amenaza que supone Irán para el mundo libre y contribuir a su contención.
“Si bien Trump es una fuerza muy corrosiva, también es capaz de decir cosas que otros callan y tomar acciones que otros evitan; no creo que podamos tener una conversación inteligente sobre su presidencia si evitamos apreciar algunas de sus fortalezas ocultas”, dice.
Stephens se inició en el periodismo a una temprana edad y tuvo una carrera meteórica. A los 23 años se desempeñaba como subeditor de la revista Commentary. Dos años más tarde ingresó a The Wall Street Journal como editor de las páginas de opinión. A los 28 se mudó a Israel para asumir el cargo de editor jefe del matutino The Jerusalem Post, un diario que precede la existencia del Estado de Israel. En 2004 regresó a The Wall Street Journal, donde escribió columnas que le valieron importantes galardones profesionales. El Consejo del Pulitzer señaló que Stephens era merecedor del premio “por sus columnas incisivas, animadas por un espíritu provocador”. Desde 2017, es parte del selecto grupo de periodistas de opinión de The New York Times y es comentarista de la cadena NBC y MSNBC. También dirige la revista Sapir Journal, que aborda temas de interés a la comunidad judía norteamericana. Se autodefine como un conservador y un liberal clásico, igualmente apartado de la izquierda woke que de la derecha populista.
En política exterior, es un neoconservador que apoya una fuerte presencia militar norteamericana en el mundo, una promoción activa de la democracia y de Occidente y un apoyo amplio a Israel.
—¿Cree que la guerra en Irán está cerca de su conclusión?
—Creo que en Medio Oriente en general nunca hay una conclusión. Esta guerra solo terminará cuando termine el régimen de Teherán. Tan simple como eso. Porque el régimen de Teherán no está construido sobre la base de los intereses nacionales iraníes, sino sobre la base de una fijación ideológica que el ayatollah Khomeini trajo consigo en 1979, resumida en las frases “muerte a Israel” y “muerte a Estados Unidos”. Esto es central para la comprensión del régimen. Si las personas que gobiernan el país desistieran de esa mentalidad, sería literalmente el fin de la República Islámica, porque la ideología y el mesianismo religioso son lo que sostienen al régimen.
—¿Cómo evalúa el alto el fuego actual, tan lleno de idas y venidas?
—No veo el alto el fuego como una solución a largo plazo, pero puede haber argumentos a favor desde la perspectiva norteamericana, e incluso desde la israelí. Israel ha estado casi continuamente en guerra durante los últimos tres años y eso conlleva muchos problemas. Sus tropas están agotadas y es posible que el país se esté quedando sin los interceptores necesarios para evitar que los misiles balísticos iraníes alcancen sus objetivos. Y si bien creo que la población en Israel quiere continuar la guerra, los dirigentes podrían entender que esto ha sido suficiente por el momento.
—¿Cree que la guerra ha logrado hasta aquí al menos alguno de sus objetivos?
—Sí. Se ha logrado degradar sustancialmente a los iraníes y a Hezbollah. Probablemente estas acciones le hayan dado a Israel varios años de tiempo en relación a los avances.
